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Crónica y foto de Lanzadigital.com. Gustó el Villa de Aranda en el Quijote Arena. Al menos en lo que permitieron ver los colegiados, que actuaron como “agentes distorsionadores”, transformando la realidad, lo que pasaba en la pista, a su gusto. Sus decisiones, confusas, solo permitían intuir lo que podría haber sido el choque. Los burgaleses, dirigidos perfectamente en ataque por Nicolás López, fían el resto a los kilos y la altura. En el centro, Braz., Llorens, Leonel, Piovarczik y compañía conforman un muro muy difícil de franquear. Amérigo, calidad y veteranía, hacen el resto.

Más matices
Contra eso, el Alarcos propuso un juego combinativo al que se le intuyen más matices que la pasada temporada. Faltó continuidad, pero la aportación de los argentinos en los laterales, y el recambio en los extremos le dieron picante al equipo de Javi Márquez, que en los primeros minutos tuvo algunos problemas en defensa, pero los corrigió en buena medida según pasaban los minutos.

Los visitantes marcaron el paso en la primera parte, con el Alarcos siempre cerca, tomándole el pulso, hasta que le echó el guante en los últimos compases. La distancia no sobrepasó nunca los dos tantos.

Cambio de papeles
En la segunda parte, se cambiaron los papeles. El Alarcos tomó la delantera, el Villa de Aranda chupaba rueda. El Alarcos anotaba, con algunas tantos realmente bonitos y sufría las exclusiones como los burgaleses las habían sufrido en la primera parte. Así hasta el ecuador del descanso. Nico López pisó un poco el acelerador y los amarillos recuperaron la delantera.

Entonces pasaron dos cosas. Una, que debutó Toni Sarió, altura y brazo de ASOBAL. Otra, que Márquez ordenó una defensa 5-1 Negrete en el adelantado. La defensa robó dos balones, en ataque, el Alarcos estuvo brillante, con tanto del valenciano incluido. Total, 3-0 de parcial y el equipo ciudadrealeño entró en los últimos diez minutos por delante. Sarió golpeó de nuevo y el Quijote Arena se puso en pie. Se olía, se huele, algo diferente. Cuando la aviación apoya, el trabajo de la infantería es mucho más sencillo. Y esta temporada hay bombarderos suficientes para que cuando fallen las Aerolíneas Argentinas, le llegue el turno a Ryan Da Silva o entre en acción el Barón Sarió.

El Villa de Aranda, viéndolo todo perdido se lanzó a presiona a toda pista. Asustó un poco, con dos tantos seguidos, pero a Manu Díaz-Mata no le tembló el brazo para devolverle tres tantos de renta a los locales, que se quedaron en dos al final.

Dos puntos de mucha calidad, de esos que hacen soñar a la afición. Y de los que dan alas a los jugadores, que desde el principio ven cómo el trabajo empieza a rendir frutos.

 

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